AMORES LOWCOST

Por - julio 27, 2020

Amores lowcost
Amores Y Relaciones Lowcost. Reflexión del Día De Los Abuelos
Visión ideal del amor.

Cuando yo era más jovencilla, tenía una visión muy idealista del amor. Es decir, creía que si las personas se amaban, eso tenía que ser suficiente para que la relación fuera bien y permanecieran juntas. Con el tiempo, descubrí que eso no era así. No era así, pero porque yo tenía el concepto de que una persona que siente amor por ti, siempre te tratará bien, siempre te respetará y pensará si sus actos pueden hacerte daño y en qué medida. En la realidad las cosas funcionaban de otra manera. Quiero decir, que en teoría el amor no debería hacerte daño, pero en la práctica sí que podía.

Conforme iba desarrollando más la razón y observaba mi entorno (aún vivía en Guinea Ecuatorial) veía que, en ocasiones, las personas que decían amarte y quererte mucho también podían llegar a hacerte muchísimo daño, de hecho, a veces te hacían mucho daño. Y no importaba si eran amigos, familiares, compañeros de clase o de trabajo. Las personas recibían los batacazos de cualquier lado. Realmente, veía que cualquier persona que era susceptible de amarte también podía hacerte daño con el mismo impacto. Y el dolor de aquello era más demoledor cuando tú las amabas en similar o igual medida.

Cuando se trataba de relaciones de pareja, las evidencias eran todavía más alarmantes. Escuchaba y veía situaciones en que los miembros de una pareja se desgraciaban la vida, pero desgraciar literalmente, cuando en otros momentos pareciera que hubieran dado la vida por la otra persona.
Muchas parejas no duraban. Las más longevas eran de gente de la generación de mis abuelos, personas con dinámicas diferentes. Y, cuando lo hacían, las condiciones en que los miembros permanecían juntos daban pena.

El panorama general que yo apreciaba tenía más parejas resignadas a lo conocido que parejas felices. Muchos parecían haberse conformado con el infierno en la tierra que les había tocado vivir. Porque es increíble lo difícil que es dejar atrás lo que hace daño cuanto más pasa el tiempo. En estos casos, las relaciones eran como una droga, muchos se enganchaban a lo que poco a poco iba apagando la luz que antes traían. Y no te voy a mentir, la ilusión y la inocencia de aquella niña se transformaban al observar esto.

Primero, empecé a cuestionarme si merecía la pena tener una relación de pareja. Pero, una en especial  hacía que yo viera viable la idea que, si yo iba a tener una relación de pareja, esa persona podía ser alguien que realmente me amara, me respetara y pensara en el efecto que sus actos pudieran tener en mí, como mínimo.
En una sociedad donde la gente se resignaba a vivir infiernos, esto que para mí parecía sencillo, a muchos les parecía demasiado pedir. A muchos se lo sigue pareciendo.

Hay que buscar lo bueno fuera.

Para las chicas de mi edad era ingenuo pensar que la reciprocidad en los buenos actos pudiera ser real. Me decían que no existen hombres así, al menos en Guinea. Que tenía más posibilidades de encontrar a un hombre con esas cualidades si buscaba fuera de Guinea. Las mujeres mayores decían que me preparase para quedarme soltera (como si la soltería fuera lo peor que le puede pasar a alguien, concretamente a una mujer. Y conste que yo pienso que es gratificante tener con quién compartir la vida, más si es sano).

Bueno, no solo las mujeres decían aquello. Muchos hombres que llegué a tratar también. Tenían la convicción de que pedir reciprocidad en el trato era buscar algo que no existe, era como buscar unicornios. Creían que yo podía ser muy respetuosa con mi pareja, pero debía vivir con que no pudiera recibir lo mismo a cambio. Porque así es la vida. Los buenos actos que no son recíprocos en la relación de pareja, nunca me han parecido muy justos, dicho sea de paso.

Hay valores sin fronteras.

Cuando llegué a España, la recomendación de las personas tanto en Guinea como aquí era que me buscara un novio español (blanco), porque trataban mejor a las mujeres.
A estas alturas de mi vida, pienso que los valores y principios básicos no tienen que ver con nacionalidades, clases sociales o razas, no tienen fronteras, aunque las experiencias que tenemos pueden hacer que pensemos que sí en algún momento de nuestras vidas.

Por ejemplo, si solo se te acercan hombres idiotas, en lugar de pensar: José, Sergio y fulanito son idiotas, empiezas a pensar que todos los hombres son idiotas. Si se da la casualidad de que todos eran negros, piensas "los hombres negros son idiotas". Y así sucesivamente con otras características. Considero que este tipo de experiencias calcadas crean un patrón en quien las experimenta. Por eso, es casi una suerte que la vida te ponga una experiencia diferente y te rompa el patrón.

Lo mejor que puede pasar es que empieces a preguntarte si realmente son todos o si es que se trataba de fulanito o menganito. Lo bueno sería que pudieras preguntarte si la verdad no es que te falta encontrarte con otros más que son diferentes. Y ojalá no dudes, porque cuando repites patrones malos, te puede llegar una buena persona y tratarla como sapo, porque ya sea ese tu mecanismo de defensa. A mí nunca me ha parecido que fuera algo imposible amar, respetar y pensar en cómo tus actos afectarán a tu pareja o aquellos más allegados. Lo que siempre digo es: "si yo lo pienso y soy capaz de hacerlo con quienes me rodean, seguro hay alguien más que también puede. Es cuestión de encontrarnos". Esa manía de intentar encontrar lo positivo...

Un asunto de estructuras.

En España, las cosas funcionaban a su manera. Pero tampoco encontré el paraíso que se supone que encontraría en las relaciones. Lo mejor era que aquí, por lo menos, tenía la suerte de poder observar tipos de parejas muy diversas. El abanico de posibilidades era amplio y yo tenía una muestra más grande para contrastar. Podía observar muy bien la dinámica de las parejas mixtas también. Pero, ¿qué te voy a contar? Siempre digo que cuando se trata de personas, en el fondo no somos tan diferentes como muchos pensamos. Y cuando se trata de asuntos emocionales, todavía más. Obviamente, la sociedad guineocuatoriana y la sociedad española son estructuralmente diferentes, esas estructuras marcan unas reglas de juego que dan unos resultados u otros según el país en el que te encuentres.



En Guinea, los "ha golpeado brutalmente a su mujer" eran los más visibles en las noticias y, en España, eran los "mató a su esposa y se suicidó".  En el fondo, dinámicas sociales que daban resultados diferentes, pero al final se trataba de cómo las personas respondían a una estructura que los envolvía. Se supone que las relaciones aquí serían casi perfectas, pero igual seguía escuchando demasiado "caso de violencia de género" y leía que el número de divorcios también aumentaba. Algo de lo que ya había dejado atrás. No gran novedad después de todo.

Los azares del destino.

Por otra parte, se dio la casualidad de que me metí en la carrera de Derecho, lo cual me haría tener cierto contacto real con casos de Derecho de familia y ampliaría aún más mi visión sobre el tema. No te imaginas la decepción tan grande que me llevé. Muchas veces me preguntaba: "¿Cómo era posible que gente que decía haberse amado tanto llegara a estos extremos de mezquindad?, ¿cómo era posible que quien fuera el amor de tu vida ahora te diera tanto miedo?" Por lo menos, entonces supe que el Derecho de familia no era para mí y que los abogados de familia tienen una enorme responsabilidad.

Desafortunadamente, son profesionales que tratan cuestiones que no siempre se pueden solucionar a golpe de decreto. Asuntos en los que obtener una sentencia favorable puede no significar necesariamente victoria. Porque quizás haya un menor en medio que sale más perjudicado, cuando sus progenitores o uno de ellos no piensa demasiado en su bienestar (sobre todo mental). El post no va sobre Derecho de familia, pero quería resaltar la responsabilidad que conlleva tratar asuntos de esta clase y lo complejos que pueden llegar a ser estos casos.


Celebrando a los abuelos.

Ayer (domingo) día 26 de julio fue el Día del Abuelo. Como no publico los sábados ni domingos, he decidido que el post de este lunes también serviría para hablar de mis abuelos. En párrafos anteriores decía que una relación cercana me hizo tener fe en las relaciones de pareja, esa fue la relación de mis abuelos maternos. Siempre admiré la forma en que mis abuelos se trataban, sobre todo, teniendo en cuenta que eran de una generación más conservadora.

La forma en que mi abuelo pensaba acerca de las mujeres me asombraba. Insistía en que sus hijos respetaran a sus mujeres. No estaba a favor de poner la mano encima a tu mujer, ni a favor de la poligamia. Y en cuanto a los roles, en mi etnia, casi por derecho la voz pertecene a los hombres. Pero, en nuestra familia mi abuelo marcó unas reglas muy diferentes. Él creía que las personas capacitadas para liderar o dirigir algo eran las que debían asumir ese rol, con independencia de su edad o sexo ¡Y cuánto se lo agradezco! Normalmente, los menores tienden a creer que son lo que les dicen que son o pueden ser.

Mi abuelo fue el primer hombre que me hizo creer que lo que yo tenía que decir contaba y que podía decirlo. Fue de las primeras personas que confiaron en mi capacidad de reflexión y raciocinio. Y no solo lo decía, me consultaba mi opinión y la tenía en cuenta.
Vi a mi abuelo apoyar a su mujer para su desarrollo personal (ambos se apoyaban mutuamente, pero pongo cierto foco en él para centrarme en cómo este señor trataba a su mujer y porqué eso influyó en mí, porqué creí que un hombre en verdad te podía tratar bien).
Mi abuela no tuvo la oportunidad de estudiar, no sabía leer ni escribir. Su padre casi se lo permitió al resto de sus hermanos, menos a ella. Quiso entregarla en un matrimonio primero, pero mi bisabuela lo impidió. Al final acabó con mi abuelo, que por lo menos también tenía una edad más cercana a la suya.

Cuando yo tendría tal vez diez años, alguien del pueblo tuvo la iniciativa de abrir un centro de primaria para mayores. Yo vi a mi abuelo animar a mi abuela a que se apuntase, y ella lo hizo. En algún momento me contó que mi abuelo incluso le impartió clases particulares, aunque por las vicisitudes de la vida no terminó de cuajar aquello. A todo esto, cuando cerró aquel centro (que no tuvo una larga vida), mi abuela por lo menos ya podía escribir su nombre y leía un poco. Ella tenía otro problema que era que se enfermaba muchísimo y eso complicaba las cosas, a veces tenía que pasar más tiempo fuera de casa buscando solución a sus problemas de salud. Pero también vi que mi abuelo siempre estuvo dando su apoyo, estuvo en la salud y en la enfermedad. Mi abuela haría lo mismo en los últimos días de vida de mi abuelo. Él siempre fue un hombre muy sano y casi nunca se enfermaba. La primera enfermedad grave fue la que también se lo llevó de este mundo.

En la relación de mis abuelos vi cosas que me gustaron mucho: respeto, admiración, entrega, apoyo para el desarrollo personal del otro, compromiso, esfuerzo, detalles, ternura, sobre todo vi que eso se parecía más a la idea de amor que yo pensaba posible. Mientras pongo detalles, ternura y amor, me viene a la mente el día en que celebraron su boda de plata, parecían unos quinceañeros. Es que fue muy romántico además.


Me preguntaba qué hacía que el afecto se mantuviera así después de tantos años. Y, de hecho, un día se lo pregunté a mi abuela. Claro, me respondió como responden los abuelos a este tipo de preguntas: "Cuesta creerlo porque no nos veis peleando en público (nunca los vi discutiendo sus movidas ni peleando en público), pero nosotros también tenemos problemas. Es solo que acordamos la forma de resolverlos y lo respetamos. El problema de los jóvenes de hoy es que piensan que todo tiene que ser fácil o gratis, al primer problemilla se rinden. En cualquier relación que implique dos o más personas siempre habrá algún problema, cada uno tendrá sus defectos, cosas por las que se tendrán que disculpar y cosas que se tendrán que perdonar. No digas que amas a alguien si aún no conoces sus defectos. Una vez que conoces los defectos, te toca decidir si podrás o si quieres vivir con eso o cómo quieres hacerlo. Surgirán problemas, y muchos, pero si hay un buen fundamento las cosas se solucionarán de la mejor manera siempre". Por lo menos, vi que a nivel familiar se practicaba lo que predicaba mi abuela. Cuando surgía un problema o algo importante, la gente se sentaba a hablar, las partes hacían saber su punto de vista de las cosas y explicaban su porqué, y se intentaba llegar a un acuerdo.


Relaciones de usar y tirar.

Mi abuela decía que hoy en día nos gustan las cosas lowcost, incluso ese tipo de relaciones, las de usar y tirar. Empezamos pronto y queremos irnos con la misma velocidad. Queremos cosas buenas pero no todos estamos dispuestos a trabajar por ellas. Porque las relaciones también se trabajan, sobre todo las buenas relaciones. Y no es algo que corresponde a uno solo. Ambos miembros tienen que estar de acuerdo en cuanto al tipo de relación que quieren y deben trabajar para construirla.
Si quieres una relación lowcost, si no quieres esforzarte por construir algo bueno, probablemente tampoco lo tendrás.

Y bueno, en este post que por una parte sirve para hablar de relaciones y por otra conmemorar a mis abuelos, solo quiero dar las gracias porque los míos ayudaron a romper con los patrones que se tejían a mi alrededor. Patrones que me habrían hecho pensar que yo no podía aspirar a algo mejor. Quiero dar las gracias por tanto que me dieron para formar la persona que soy y la mujer en la que me estoy convirtiendo. Una que aún piensa que la reciprocidad en los buenos actos no es pedir demasiado, pero es darlo todo.

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2 comentarios

  1. Al ver "lowcost" tenia en mente otro tipo de post. Quiero decir con esto que me ha sorprendido bastante el contenido. Me ha gustado mucho el hecho de que hayas tenido como referentes a tus abuelos,sobretodo porque no es lo típico en nuestra generación. La sabiduría que transmites en este post es de un valor incalculable. al menos para mi,muchas gracias Estefanía. Pero alguna vez has estado en una relación con las características negativas que has mencionado?

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    1. Aprecio el comentario y tus palabras me emocionan. Es lo que tienen los títulos, pero dice mucho que decidieras leer igualmente jaja. Lo cierto es que lo pienso y por ello agradezco por los abuelos que me tocaron, tuve suerte. Nunca he estado en una relación de esa índole, por fortuna. Digamos que aprendo mucho del entorno. Muchas iguales sí que he visto, demasiadas. Como siempre, gracias por pasarte. Saludos!

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